Amenaza.
por: Manati
Al parecer era un día normal, sin embargo, algo pasó y en un instante se apagó la luz... en el fondo del salón -tras una tenue iluminación que provenía del exterior- se podía divisar una pareja que conversaba. De pronto esa pareja ya no estaba sola, sino que rodeada de personas de todas las clases posibles, gentes basuras, gentes inteligentes, gentes envidiosas, gentes egoistas, existencialistas, comunistas, anarquistas, dicatadores, amantes, sinvergüenzas, leales, honestos, humildes, fanfarrones, santas, prostitutas, curas, pedófilos, capitalistas, poetas, etc, etc.... Creo que formaban una clase de especie en extinción, pues al parecer cada uno intentaba luchar por sobrevivir y TRIUNFAR en este mundo. Esta apreciación, no es fortuita ni intuitiva, es absolutamente concreta y realista, pues se notaba a simple vista que entre todos ellos exitía una rivaidad muy grande. Primero, la forma en que se comunicaban... Segundo - se incluye dentro del primer punto- la forma en que se miraban. Tercero, la forma en que se evitaban y cuarto, la forma en que se dañaban. El cuadro era absurdo, no tenía ningún sentido, pero estaba allí. El salón ya no daba abasto. En eso alguien alzó la voz y preguntó -¿Qué sentido tiene comunicarse con un poeta?-. De pronto una voz muy familiar respondió -Que sentido va a tener pues, en este mundo el poeta se muere de hambre-. A ver, A ver! -alguien exclamó desde un rincón- Que importancia tiene el hecho de que el poeta se muera de hambre?. Por Dios hombre!!!!!! nadie tiene el derecho de morir de hambre!!!!!........???????)))(((()))(()())%&$"%&%&...... En ese preciso instante, cuando la discusión estaba tomanto tintes profundos, te distinguí entre la multitud. Quedé paralizada, impávida, no lo podía creer. Las voces se apreciaban cada vez menos, hasta que no las oí nunca más. Mi fijación llegó a límites extremos. No podía quitarte los ojos de encima... te moviste, mis ojos te siguieron, te seguiste moviendo y yo no podía dejar de mirarte... te veías tan hermoso, tan delicado, tan frágil, tan seguro, tan.... tan..... lleno de contradicciones, que lo único que pasaba por mi mente era abrazarte, besarte y sentirte. No me lo permitiste, al contrario, hiciste todo lo posible por alejarte, sentí que te estabas burlando de mi. veía como tu risa macabra me acechaba. Me apuntaste con el dedo, pasaste por encima de mi... y luego pediste perdón. En ese instante cogí un arma y la utilicé... Fin de la historia.

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