miércoles, 9 de mayo de 2007

Encuentro?

Estaba allí, sentada ad portas del Parque Bustamante. Sola, no triste pero si aburrida de tanto leer estupideces hasta que de pronto algo pasó. Sentí que por mi espalda corría una sensación.
Quedé paralizada. Volteé pero no vi nada. De pronto... nuevamente la sensación, pero esta vez vino acompañada de un susurro. Fue extraño, muy extraño. Entoces decidí caminar hacia el transporte público, eran aproximadamente las siete de la tarde y, sinceramente, el panorama era muy desalentador. NO queria ir a mi casa, no queria salir de ese lugar, sin embargo tuve que huir, sentí pánico, la sensación y el susurro fueron sinceramente amedrantadores, y preferí irme de aquel lugar...
Daba la casualidad, y cosa muy extraña por la hora digo, que en ese momento se estaba realizando un gran funeral. El carro mortuorio estaba muy adornado, y la totalidad de los acompañantes iban a pie. Mientras caminaba empezé a observar a los asistentes y me dio la impresión que algo había oculto. Alrededor del carrito habían tres mujeres -que no andaban de negro- que lloraban de una manera desgarradora, mientras dos niños corrían y gritaban alborotadamente alrededor de ellas. Las demás gentes que como yo transitaban por el lugar lo hacian con una total indiferencia , y no se detenian ni un segundo a observar el espectáculo. n ese momento pensé porqué la gente no lo ve???. yo a medida que me acercaba iba notando más y más detalles....
LA IDEA ES QUE QUIEN LEA ESTO CONTINUE EL RELATO COMO LE PLAZCA.....

II parte:
por José Mela
Su deambular por esas calles semanas antes alegres, le sugerían ciertas palabras,un par de frases, un roce de hombros, alguna risa al azar, un cabello largo y una espalda sinuosa pasando junto a el. Ahora, su camino no tenía destino fijo. Se pasaba las horas fumando de la misma cajetilla, girando la misma esquina, observando las mismas ventanas cerradas, los mismos coches de luces altas, pero, otras espaldas, otras risas le tocaban apenas...Un vidrio le devolvía su reflejo ojeroso e impaciente, su cabellera agitada,su barba incipiente. Horas buscándole en los bares del callejón; horas siguiendo las pistas de sus últimos encuentros a esas tantas de la tarde cuando el tedio la expulsaba fuera de sus paredes; minutos con su cabeza entre su pecho; meses tocándose los dedos sin pronunciar palabra, únicamente, devolvíanse la mirada, destrozaban cigarillos a medio acabar...Y otra vez, arrojarse a buscarla. Qué decirle después de días sin hablarle? qué gesto
ofrecerle? De nuevo a los espacios cotidianos, inútilmente marcar su número y que nadie descuelgue el auricular. Esta vez, un auto casi le atropella. Y es que en su agitación no se percató que venía. La vio salir del parque, a gran distancia,mas supo de inmediato que era ella con su expresión confusa, cruzados los brazos, viendo esos detalles que nadie más veía. Echó a correr, quiso gritarle, pero,en ese instante, por poco le coge la carroza fúnebre. Atónito, quedó de pie y la imagen alicaída y translúcida de su persona le dió escalofríos. Levantó la vista y era ella quien ahora se mantenía impávida mirando el cortejo,a las mujeres en su llanto, a su propia madre llorándole... Supo entonces que había dado con ella para despedirse,aunque solo fuese al otro lado de la calle.

2 comentarios:

Blogger Lorena ha dicho...

la idea es que la historia la continue el lector...

10 de mayo de 2007 a las 21:03  
Blogger Bacheano ha dicho...

Su deambular por esas calles semanas antes alegres, le sugerían ciertas palabras,un par de frases, un roce de hombros, alguna risa al azar, un cabello largo y una espalda sinuosa pasando junto a el. Ahora, su camino no tenía destino fijo. Se pasaba las horas fumando de la misma cajetilla, girando la misma esquina, observando las mismas ventanas cerradas, los mismos coches de luces altas, pero, otras espaldas, otras risas le tocaban apenas...
Un vidrio le devolvía su reflejo ojeroso e impaciente, su cabellera agitada,su barba incipiente.
Horas buscándole en los bares del callejón; horas siguiendo las pistas de sus últimos encuentros a esas tantas de la tarde cuando el tedio la expulsaba fuera de sus paredes; minutos con su cabeza entre su pecho; meses tocándose los dedos sin pronunciar palabra, únicamente, devolvíanse la mirada, destrozaban cigarillos a medio acabar...
Y otra vez, arrojarse a buscarla. Qué decirle después de días sin hablarle? qué gesto ofrecerle? De nuevo a los espacios cotidianos, inútilmente marcar su número y que nadie descuelgue el auricular. Esta vez, un auto casi le atropella. Y es que en su agitación no se percató que venía. La vio salir del parque, a gran distancia,mas supo de inmediato que era ella con su expresión confusa, cruzados los brazos, viendo esos detalles que nadie más veía. Echó a correr, quiso gritarle, pero,en ese instante, por poco le coge la carroza fúnebre. Atónito, quedó de pie y la imagen alicaída y translúcida de su persona le dió escalofríos. Levantó la vista y era ella quien ahora se mantenía impávida mirando el cortejo,a las mujeres en su llanto, a su propia madre llorándole... Supo entonces que había dado con ella para despedirse,aunque solo fuese al otro lado de la calle.

7 de febrero de 2008 a las 16:38  

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